El por qué de este blog

Vengo de una familia obrera exitosa; esto es, mis padres no pudieron estudiar-mi padre de hecho tuvo que emigrar con toda su familia a Francia a trabajar-, pero su trabajo tuvo frutos, consiguieron una situación económica suficientemente acomodada y pudieron darnos a mí y a mis hermanos todo, la mejor educación en valores y la más alta académica que hemos querido… es para estar orgulloso.

He crecido feliz, sin que me faltara de nada, y las peores desgracias me cogieron o muy joven para enterarme o lo suficientemente adulto para afrontarlas. Soy afortunado, la realidad no me la he topado de golpe, la he ido descubriendo medio solapada.

En esta etapa de crecimiento, de descubrimiento de la realidad -que nunca acaba-, he pasado por diversas fases… la primera, ignorancia -la clave de la felicidad dicen algunos!- vivía tranquilo en un medio que no me era hostil, con mis preocupaciones mundanas, ajeno a lo que pasara. La segunda, incredulidad, comenzaba a ver y escuchar cosas -el rumor del río- pero me negaba a verlas, no podía pensar que ocurriesen cosas así, que todo estuviera podrido… La tercera, despertar (progresiva, y parcial, aún estoy aletargado), cuando comienzo a ver lo que ocurre a mi al rededor…

Recuerdo perfectamente, respecto a la realidad que nos rodea, mi primer momento de despertar (al que aún le han seguido y siguen muchos de incredulidad). El primer despertar supongo que a cada uno le llegará de una forma (una oposición robada, una noticia impactante, una injusticia cercana…), a mí me llegó por una noticia lejana. Estaba pasando un momento en el que no comprendía ni por asomo las ideas separatistas -sigo sin compartirlas, pero entiendo que halla quien lo haga- y me llegó la noticia de que PSOE iba a pactar con un partido nacionalista en Euskadi, dándole su apoyo, solo para que el PP no gobernara… no entendía aquello ¿no se supone que el PSOE es un partido de España? ¿prefería que gobernara un separatista?… inocente de mí… PP y PSOE venían pactando gobiernos con quien fuese para evitar al otro desde antes de que yo llegara… todo por el poder, esa era la premisa, y una vez entrevista en ese minúsculo ejemplo, se fue mostrando cada vez más y más en cada cosa que pasaba…

El camino ha sido largo, y la realidad cada vez me ha ido abrumando más; cosas que antes consideraba imposibles que fueran ciertas ahora no me cabe duda de que son así, y cosas que ahora no quiero pensar que sean ciertas me da miedo pensar más sobre ellas (sigue habiendo otras que me resultan imposibles de creer! no sé si por imposibilidad o por inocencia).

En este descubrimiento de la realidad siempre se me ha presentado una encrucijada: ¿luchar por cambiar lo que creo injusto, o seguir con mi vida mundana, haciéndolo en lo máximo posible acomodada? ¿vale la pena luchar por algo que, en el casi inalcanzable mejor de los casos, si consigo cambiar algún día volverá a corromperse? la respuesta a esto último es un no claro, lo parece al menos… pero cada uno tenemos alguna que otra motivación propia para darle un sí…

1) Porque no me da la gana de que ese tío/a, que no es mejor que yo ni que nadie, se crea el rey del mundo y haga lo que le venga en gana, robándonos a todos y llevando en el proceso -por pura incompetencia y cobardía- a una sociedad a la ruina, con relatos de familias que parten el alma.

2) Porque aunque quizás no consiga cambiar nada, el mero hecho de intentarlo es un ya un cambio, y porque soy así y no tengo elección, no puedo ignorarlo y hacer como que no pasa nada.

3) Porque no quiero que ninguno de los que viene detrás de mí (véase sobrinos, hijos, primos…) acabe siendo uno de ellos, así que ya puedo acabar con esa casta o al menos darle  ejemplo, porque ya ni hablamos conseguir un mundo mejor para ellos -es lo que todos queremos-.

Y una vez que te llega la motivación, aún sabiendo que es una lucha que hay que vivir en cierta distancia -la victoria es tan remota que la falta de felicidad no la paga- algo bueno que tiene dentro el humano aflora, y no puedes evitarla.

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